NIGHTWISH en Acatraz, 21 y 22 de Julio del 2000

MATANDOME SUAVEMENTE CON SU CANCION

Algunos incluso no lograron contener el llanto. Acaso sus enrojecidos ojos, no menos extasiados que sus oídos, habían atestiguado anteriormente tal belleza. Ni la cruel amargarura que nuestro bendito país respiró en lo que va del año pudo eclipsar siquiera por un segundo la hermosura con la cual Nightwish iluminó nuestros corazones y almas, quizás nunca tan necesitados de esa mágica alquimia a la que en ocasiones denominados"música"… Fueron tantas las sensaciones experimentadas en aquellas dos noches, que francamente el aspecto musical no pudo más que escapársenos de las mentes como un soplo furtivo en medio de un torbellino de ensueño…


VIERNES 21/7/00

EL RUISEÑOR CANTA… Y COMO!
Al muchacho de la primera fila pareció no importarle las inevitables groserías que un diminuto pero pero molesto conglomerado de trogloditas prefería en el fondo sin reparar en el trance hipnótico que envolvía al resto. Tímidamente abandonó su butaca, miró a ambos costados con esperanza de encontrar distraídos a los encargados de seguridad, y sin que éstos llegasen a darse cuenta, extendió la mano, contempló al objeto de sus sueños, y con una leve reverencia depositó un arosa a sus pies. Tarja le sonrió un sincero agradecimiento.
Pero indudablemente, los agradecidos fuimos nosotros. "She Is My Sin" puede no funcionar con total eficacia a la hora de abrir el último álbum de los finlandeses, pero en el selecto auditorio de Acatraz hizo estragos. Nightwish te envuelve en su vorágine desde el primer acorde, tornando el aire en meláncolico deleite con sus frágiles melodías de terciopelo. Arriba, del escenario, Tarja es al mismo tiempo mártir y reina, ama y esclava, blanca inocencia y negro poderío. Su voz es tan caudalosa e inagotable que roza los límites de lo irreal; sus movimientos, sensuales y mortíferos, pero inesperadamente también enérgicos y atormentados. En efecto, la muchacha no se limita a entonar lo suyo atornillada frente al micrófono, sino que revolea su recogida cabellera color azabache con entusiasmo, transita de punta a punta las extensas tablas, se arrodilla frente al público y no deja de contestar sus insistentes saludos sin llegar jamás a aburguesar sus gestos ni perder unápice de su feminidad. Tuomas Holopainen, verdadero cerebro detrás de todo el asunto, tampoco se quedó atrás, agitando como ningún otro la cabeza y tocando, al igual que nosotros, su "guitarra de aire" entre descargas de colchones melódicos y los samplers de voces masculinas que disparaba desde los teclados. La guitarra del diminuto Emppu, acaso un tanto baja frente a semejante poderío, parecía desenvolverse acorde con la personalidad que la empuñaba: alegre, saltarian, de ninguna forma virtuosa, pero efectiva. Y, de hecho, la simpatía de este personaje (que regaló púas a cuanta garra se lo reclamara) era tan contagiosa, que en un determinado momento logró lo imposible: arrancarle una sonrisa al bajista Sami. Por otra parte, la labor de Jukka tras los parches no dejó lugar para los reproches, presentándose, junto con Tuomas, como el más versátil y talentoso instrumentalmente hablando. Y verlos desenvolverse con tal envidiable soltura y comodidad en un recinto con las características de Acatraz fue un auténtico placer. Todas las ubicaciones parecen ser ideales, tornando la vista en una experiencia panorámica similar a la de un aproyección cinematográfica de alto calibre. Y si bien vale reconocer que la capacidad del lugar se vio seriamente amenazada (me hubiera gustado, por ejemplo, que los pasillos se utilizaran como tales), la propuesta resultaba infinitamente superior en comparación a los calvarios sufridos anteriormente en antros que prefiero olvidar. De hecho, tal fue el grado de disfrute ante el magnífico espectáculo, que nadie atinó a pararse encima de su correspondiente butaca, seguramente hechizados por el brío triunfal de piezas como "Sacrament Of Wilderness", "The Kinslayer", "Deep Silent Complete", "Gethsemane" y una magnífica y arrolladora versión de "Wishmaster" a modo de cierre. Ni siquiera la escasa duración del show (poco más de una hora diez), ni la ausencia de tres de mis temas favoritos ("Swanheart", "Stargazers", y la compleja -y así declarada por los propios autores- "Passion And The Opera") pareció molestar. Y cómo habría de hacerlo, si la contundencia fue absoluta, la garra abundante y la emotividad digna de un infarto?


SABADO 22/7/00

CAMINANDO POR EL AIRE
El sutil encanto del viernes tuvo al día siguiente su versión más calurosa y eufórica. En otras palabras, del confort que se obtiene al escuchar conmovedoras historias junto al fuego, nos metimos dentro de la mismísima chimenea. Pocas veces la prensa y los fotógrafos tuvieron que desenvolverse de forma tan incómoda. El nuevo "auditorio mayor" de Acatraz (en realidad, una moderna pista de baile, con varios niveles) ciertamente podría llegar a resultar más que agradable en eventos similares, pero para lograr tales utopías habría que empezar por respetar la capacidad que el recinto ofrece, que en este caso lucía algo sobrepasada. Incluso el escenario, esta vez un tanto más elevado, ofrecía unas dimensiones decididamente menores. Con todo, la velada siguió su curso sin problemas. Contrariamente a lo que muchos pensaban, los finlandeses optaron por presentar en ambas ocasiones un show eléctrico, relegando la opción de un set acústico para otra oportunidad. Sin embargo, el menú del seabado se presentó aún más sustancioso con el agregado de dos de las agrupaciones más interesantes y prometedoras del ámbito local.

DEMONIOS Y HECHIZEROS
Parece mentira que Azeroth sea una banda tan relativamente joven. Si bien la incorporación de Oscar Castro en guitarras implica años de experiencia encima de las tablas porteñas, debo reconocer que el sexteto superó expectativas y sembró potencia a diestra y siniestra, presentando los temas con una robustez asombrosa que ni siquiera los infaltables problemas técnicos lograron detener. Todas las miradas parecían hacer foco en el ex-Dhak y ex-Bizarro Diego Valdez, quien contaba sobre sus espaldas con la titánica tarea de reemplazar a Adrián Barilari y Christian Bertoncelli, responsables de la grabación del homónimo debut del grupo y sin dudas dos de los mejores vocalistas del país. Pero Valdez, tan corpulento como humilde, pasó la prueba con creces, e inmediatamente nos hizo olvidar las versiones originales a medida que su garganta se soltaba hasta dejar en evidencia sus numerosas virtudes. Sin embargo, el brillo máximo del timbre de Diego se produjo a la hora de entonar, una sentida versión de "Diamonds And Rust", acaso sin el vértigo de caballería de Judas Priest, pero igualmente efectiva. Para colmo, la contundencia del grupo es doblemente meritoria si tenemos en cuenta que tras los parches del incesante doble bombo se esconde, casi agazapada… una mujer! Creer o reventar, María Eugenia Ricciardulli cuenta con el extraño honor de haberse convertido en la primera baterista de power metal femenina del país que trasciende. Para colmo, le pega duro y sin asco; tanto que incluso detrás del escenario el mismo Emppu, de Nightwish, no conseguía apartar su vista de las virtudes de la muchacha… ni tampoco disimular el derrame de baba al compás de lo que pareció ser amor a primera vista. El bueno de Emppu finalmente había encontrado a alguien de su mismo tamaño…
Pero el plato fuerte antes del banquete, al menos en lo personal, sería la presentación de Beto Vazquez Infinity. Con la lamentable escasez de propuestas innovadoras y experimentales a la manera de Pandemia (tristemente disueltos) dentro de nuestro ámbito, la calidoscópica propuesta del bajista de Nepal no podría ser más bienvenida. Su amplio repertorio transitó, siempre con notable buen gusto, el power metal, la música barroca y el gothic/down, remontando pleno vuelo durante las medievales intervenciones de una flautista (Lilah Bertolini) cuya oscura belleza terminó de redondear el efecto de mágica cofradía. Asimismo, la delicada voz de Max Ditamo, rica en sutilezas, acompañó a la perfección las no menos bellas melodías de los teclados de Danilo Moschen. El mismo Javier Bagalá, también de Nepal, se unió a la fiesta a modo de invitado, pero la sorpresa mayor fue la inclusión de un emotivo cover de "High Hopes" de Pink Floyd. Es precisamente durante tales composiciones que a Beto se lo ve más cómodo y feliz, si bien las estupendas "Until Dawn" y, sobre todo, "The Battle Of The Past" tienen sus cuantiosos méritos propios. Me encantaría poder repetir la experiencia en un ámbito más íntimo y acorde a lo exquisito del material. Porque el sábado Infinity elevó nuestras emociones hasta rozar las nubes, pero en condiciones más favorables, puede que nos permita alcanzar las estrellas…

ELLA ES MI PECADO
… Y caímos una vez más bajo el sortilegio. Sin diferencias en el listado de los temas, pero con el mismo descomunal gancho, Nightwish volvió a aplanar cerebros al por mayor. Con un desempeño óptimo que cortaba el poco aire respirable, Tarja, Emppu, Sami, Jukka y Tuomas confirmaron por segunda vez que no es necesario recurrir al virtuosismo pirotécnico para meterse el corazón del público en el bolsillo. Stratovarius o Malmsteen podrán declararse incondicionales amantes de la relojería más metronómica, pero Nightwish prefiere hacer de la pasión su arma predilecta. Abrazar su propuesta es entregarse a la lujuria más irresistible. Como reza la letra de "Wanderlust": "Quiero ver el sitio en el que cantan las sirenas/ Escuchar cómo los lobos aúllan/ Navegar las tranquilas aguas del Pacífico/ Bailar en los campos de corales/ Ser cegado por lo blanco/ Encontrar el camino secreto". Pues bien, Nightwish consiguió esto y mucho más en apenas 80 minutos. Para colmo, el amague con la primera mitad de "Passion And The Opera" (la única diferencia con respecto al día anterior) casi termina de rematarnos, pero justo cuando el séptimo cielo se nos venía encima (es decir la parte en la que los malabarismos de Tarja se asemejan a la escena de la Diva Plavalaguna en "El Quinto Elemento"), un repentino final acabó por extinguir la ilusión. Muchachos, para hacer las cosas a medias, directamente no las hagan! Igualmente, "The Pharaoh Sails To Orion", "Come Cover Me" y las hermosas "Walking In The Air" y "Dead Boy's Poem" alcanzaron y sobraron para que los perdonemos. Las mismísimas paredes parecían disfrutar del evento mientras dejaban caer gotas de sudor que se incrementaron con la fantástica pero reducida versión de "FantasMic", precedida por una suerte de instrumental sorpresa, muy en la vena cinematográfica que tanto parece gustarlo a Tuomas. Y hablando del tecladista, cabe destacar que muchos se sorprendieron por varias instancias en las que sus teclas escupían sonidos sin una mano que las acariciase, pero el delgado finés suplió el detalle con su interminable buena onda. Aunque la simpatía y las sonrisas fueron generales, como mostró en mayor detalle la pantalla de video; y para cuando el final con la apoteótica "Wishmaster" nos estalló en la cara, los mismísimos músicos no consiguieron ocultar su conmoción. Tarja, siempre tan única y esplendorosa, agradeció tímidamente, ofreció sus manos a los satisfechos afortunados de la primera fila, y tras un extenso saludo, nos dejó con la dulce compañía de una velada para el recuerdo. Porque si bien pareció mentira, el deseo se nos había hecho realidad…

Esteban Medaglia
Fotos: Carlos Mattioni
(Revista Epopeya N° 34)

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