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MONSTERS OF ROCK '98 / 12 de Diciembre de 1998

Fase II: Los ángeles también lloran

Fase II: Los ángeles también lloran

Como es lógico esperar, para cuando Angra subió al escenario el público había crecido en cantidad pero aún así no llegaba, ni con mucho, a la mitad de la concurrencia que terminaría teniendo. De todas maneras, no estoy muy seguro de la impresión que muchos de los presentes que, inquiero, no habían visto jamás a la banda de André Matos, se llevaron de ellos para esta ocasión. Angra había tenido muchos problemas de sonido en sus últimas presentaciones en estas tierras, y pese a que se trataba de un telonero en esta ocasión, cometí el error de hacerme a la idea de que iban a tener la posibilidad de reencontrarse con lo mejor de sí mismos.

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Claro, en las últimas oportunidades, la responsabilidad había sido de ellos o, en el mejor de los casos, de su propio sistema de sonido. ¿Y ahora qué? Nada, sólo otro bache en lo que a sus presentaciones se refiere, sólo que esta vez la banda no tuvo culpa alguna. Para mi propia sorpresa abrieron -luego de una incómoda demora acaecida a raíz del mal funcionamiento de los teclados- con "Nothing To Say", lo que demostraba que su set iba a distar mucho de los shows anteriores. Hablando con Kiko Loureiro, me enteré de que no habían hecho prueba de sonido... y eso se notó de inmediato.

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El bajo y el teclado eran casi los únicos instrumentos que se escuchaban desde el sector de plateas, las guitarras de Kiko y Rafael brillaban por su ausencia y la batería de Ricardo Confessori era apenas un pulso casi imperceptible que el espectador debía intuír para adivinar el ritmo de la canción. Para tratar de saber de qué se trataba todo ese barullo, me mudé provisoriamente al sector de campo, y ahí la cosa mejoraba aunque estaba lejos de ser buena. Tozudo, me moví hacia el backstage y me dí cuenta de que la banda sonaba bien por monitoreo; uno más uno da dos, mal sonido en las plateas, regular en el campo y aceptable en el escenario: responsabilidad de un sonidista que no tenía mucho interés en que la cosa mejorara, habida cuenta de que el asunto apenas fue recomponiéndose con el paso de los temas y a sabiendas de que se trataba sólo de un acto soporte o banda de relleno o carne de cañón o como uno quiera llamarle. Tal vez ajenos a todas estas contingencias, los Angra siguieron con un show que, tal como el mismo Kiko me confirmó en el correspondiente reportaje, se ajustaba más a las circunstancias. Esto es, sacrificar cierta cuota de intimidad en pos de algo más calórico, rápido y efectivo y aun así representativo de la corta historia de la banda. Para el caso, "Lisbon" fue lo más logrado del set según mi propia oreja con un André que incluso en los momentos de mayor turbulencia demuestra todos sus quilates como cantante y como frontman, y el cierre en la piel del ya clásico cover de "Painkiller" de Judas y "Carry On" de su primer disco tuvo la fuerza que su presentación requería. No hay que olvidar que leyendo la lista de grupos de este Monsters, Angra aparecía en la previa como la banda más "delicada" o "sutil" o cualquier eufemismo que quieran encontrar por ahí, de modo que resultó una buena elección a la postre los seis temas que integraron su presentación. Un detalle más a describir, y que de paso me instala en el mate la pregunta de cuanto de "política" tendrá este palo en la rueda de Angra, es que su show fue un par de minutos más corto que el de O´Connor... y dejémoslo ahí, Bernie.

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Fase III: Buscando las siete llaves

Media hora tardó Helloween en subir a escena. El rumor popular indicaba que la labor de O´Connor y de Angra no había terminado de llenar la barriga del gentío, y las expectativas puestas en los alemanes no estaban de acuerdo a la calidad de su último trabajo "Better Than Raw"; dicho en otras palabras, la banda de Michael Weikath es más de culto que popular, tiene más respeto que adhesión por esas cuestiones que estaría en mejores condiciones de describir el memorable personaje de Isaac Asimov llamado Hari Seldon con su psicohistoria y esa característica de ser adivina de los movimientos y reacciones de las masas. Como buen nadador de contracorriente, Helloween era mi banda más esperada y había sobrados motivos para ello: un excelente nuevo disco en la calle, la oportunidad de disfrutar de viejas glorias que por arte de una buena conservación en el roble de la memoria y los corazones supieron convertirse en clásicos, y la chance de volver a ver en directo a dos personajes como el mismo Weikath y a Markus Grosspkopf, por esas cosas de la vida únicos sobrevivientes de aquella banda para el asombro. Pero una vez más en mi historia personal, los deseos y las expectativas no van de la mano de la realidad, a veces soleada pero tantas otras veces gris y mezquina. La banda, que completan Andi Deris en voz, Roland Grapow en guitarra y Uli Kusch en batería, terminó su set con cara de pachorra mondándose los dientes luego de haberse merendado mis anhelos y los de quién sabe cuánta gente más.

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En compartimientos estancos uno podría poner por un lado que sonaron ajustados, que el sonido fue, sin llegar a ideal, sensiblemente mejor que el de sus predecesores, que Andi tiene más simpatía insistente que carisma innato y que Michael es una especie de Jimmy Page colérico y de fin de siglo, con sus atavíos negros, su Les Paul y su cigarrillo en la comisura de la boca y hasta me animaría a decir que escénicamente son más que solventes y que los decibeles de su música se las arreglan solitos contra cualquier temporal. Y sigan agregando las cualidades que más oportunas les parezcan que seguiremos sin poder camuflar el hecho de que en el otro compartimiento debemos poner que el repertorio que la banda puso en las tablas distó -por decir lo menos- de lo que uno podría pedirles. Abrieron con "Eagle Fly Free" y siguieron con "Dr. Stein" y todo bien... hasta ahí, sin entusiasmos. Está bien meter tres temas de su último disco como "Push" en una versión más que efervescente, admito, como "I Can", hit single del heavy metal por antonomasia, o como "Revelations" que sabía que el sábado, su chance era gorda. Ahora bien... meter "Time Of The Oath" sin darle al menos la posibilidad a un mísero medley de sus tres primeros trabajos se parece mucho a pelar la banana para comerse la cáscara. Y lo peor del caso es que creo intuír porqué joyas como "Ride The Sky", como "I'm Alive" o como "Future World" no forman actualmente parte de la fiesta, al menos en este caprichoso formato de megaconcierto.

                                                     

Al parecer, nunca quedaron definitivamente cerradas las heridas de las luchas de egos que el mismo Weikath (patrón de Helloween al día de hoy) tuvo con Kai Hansen (socio accionista mayoritario por entonces de la empresa) en el pasado. Buena parte del material de "Walls Of Jericho" y completito el primer "Keeper Of The Seven Keys" llevan la rúbrica de Hansen, y eso es algo que a pesar de su gran capacidad como compositor, Weikath nunca pudo empardar, ni perdonar, ni mucho menos olvidar. ¿El perjudicado?, el público, o por lo menos una parte de él, una parte que oficia de cronista y que terminó de saborear calabazas por cincuenta minutos con la bandera de la melancolía lamentándose en la punta del mástil de su propio espíritu. Respiré hondo, maldije por lo bajo, me encojí de hombros y seguí con lo mío. Otra vez será.

Gabriel Ramovecchi

 


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