HELLOWEEN en El Teatro, 15 de junio de 2001


NOCHE DE BRUJAS


¿QUÉ SERÍA DE LA ACTUALIDAD DE NO HABER EXISTIDO ESTOS MÚSICOS? ¿EXISTIRÍA EL POWER METAL O NOS HABRÍAMOS QUEDADO ESTANCADOS EN EL SONIDO DE LA NWBOHM? ¿CUÁNTO SE LE DEBE A ESTA FUENTE QUE CITAMOS TODOS A LA HORA DE DESCRIBIR A LA MAYORÍA DE LAS BANDAS EUROPEAS? ESA NOCHE DE VIERNES NO ERA EL LUGAR NI EL MOMENTO PARA RESOLVERLO. SINO PARA ABRIR NUESTRAS ALMAS Y PERMITIR EL INGRESO DE ESAS MELODÍAS ARQUETÍPICAS QUE ENGENDRARON TODO UN NUEVO UNIVERSO ESTILÍSTICO BASADO EN LA VELOCIDAD Y EN EL OPTIMISMO.

Por más que llegué a El Teatro quince minutos antes de las ocho de la noche, no pude entrar al recinto hasta las nueve debido a ciertos problemas de organización y un inconveniente técnico. En el primer caso, las credenciales llegaron tarde, siendo los periodistas casi los últimos en entrar. Y, en el segundo caso, la persiana que abría la puerta de acceso a todos aquellos que no abonaban entradas estaba trabada. Todo esto derivó en que este cronista se perdiera de los shows presentados por las dos primeras bandas soportes, RPM y Balrog. No creo, sin embargo, que quienes abrieron la velada esa noche hayan tenido demasiados espectadores, ya que todo comenzó a una hora extremadamente puntual y, cuando desde afuera se escucharon los primeros acordes distorsionados, todavía había una inmensa cola de público que no había entrado. No crean que estoy tomando ese punto como una crítica, sino todo lo contrario. Era hora de que la puntualidad apareciera en estos eventos. Lástima que la gente no ha sido bien educada en ese aspecto y, según me enteré, hubo quienes, confiados de que en Argentina todo empieza dos horas después, incluso se perdieron el show de Helloween.
Por lo tanto, el primer grupo que presencié esa noche fue Azeroth quien abrió con "Campaña Al Desierto", un tema cuya introducción tiene un nivel épico inmenso que se apoya en una estructura musical rica en acordes de guitarras emotivamente ejecutados por Juan Manuel Villagra y el solvente manejo de la batería del que hace gala María Eugenia Ricciardulli, un buen ejemplo para rebatir a los machistas que aún dicen que las mujeres no sirven para el metal. Luego continuaron con "La Salida", un tema típico de power metal cuya magia reside en la velocidad y frenesí intrínseco; para continuar con otro punto fuerte de la noche. Un melancólico riff de teclados que me hace recordar levemente a Savatage hizo aplaudir al público ya que daba anuncio a uno de los más logrados temas del grupo: "Historias De Hoy". Y, si todo eso fuera poco, debo decir que, incluso presentaron un tema nuevo, el cual contiene armonías muy pegadizas, y terminaron la noche con el despilfarro adrenalínico de "En Agonía". En fin, un gran set que los mostró muy contundentes y que los afianzó aún más dentro del corazón de la escena powermetalera de nuestro país.

La gran calabaza
En algunos aspectos, El Teatro representó una grata sorpresa. Al lado de Cemento, por supuesto, es un palacete, con pista central y galerías superiores que hasta tienen detalles de buen gusto como cuadros de Dalí en las paredes. Aunque, probablemente, a Helloween le quedó chico. Poco menos de una hora después de que Azeroth terminara su número, las luces del recinto se apagaron y el público comenzó a gritar y a aplaudir con la emoción que sólo provocan los grandes clásicos. Y es en esos momentos cuando aumenta mi ferviente creencia de que el power metal goza de una popularidad -siempre en la dimensión no mediática- mucho más grande que hace unos años. Si no, comparar con la frialdad con que los padres del power fueron recibidos en el ´96 cuando telonearon a Iron Maiden en Obras... pero eso es historia antigua.
Por los parlantes comenzaron a sonar las maléficas calabazas de "Beyond The Portal", intro que genera la sensación de estar mirando dibujitos de terror por el Cartoon Network. El telón se descorrió dejando a la vista a cinco músicos que a pesar de no ser todos originales, son ya bastante emblemáticos como para reclamar la debida atención. La adrenalina de la gente aumentó aún más y todos comenzaron a empujar hacia delante para estar lo más cerca posible del escenario. Pero varios puntos empañaron la velada.
Si bien, cuando uno está adelante la calidad de sonido es más que óptima gracias a la acústica del edificio. A medida que uno va retrocediendo, entrando en la zona inferior a las gradas, comienzan a aparecer espacios mudos donde, para ejemplificar con este show, casi no se escuchaban las guitarras. Tampoco el tema seleccionado fue, para mi gusto, lo suficientemente poderoso como para causar la entrega inmediata de este cronista. La canción en cuestión era "Power", uno de los temas menores del anoréxico "The Time Of The Oath", disco perteneciente a la época menos inspirada de la calabaza.
Afortunadamente fue sólo un manchón en el set list. Ya que, inmediatamente, comenzaron a aparecer gemas del último disco, el grandioso "The Dark Ride", que nos otorgó grandes piezas como "Salvation", la densa "I Live For Your Pain" y "Mr. Torture", una gema donde prima tanto lo pegadizo del estribillo como el macabro sentido del humor de su inteligentísima letra. Luego siguieron los clásicos como "Eagle Fly Free" y el himno "I Want Out". Si tuviera que referirme a los momentos más felices de la noche, me quedaría con la ejecución de "Escalation 666", tema creado por Mr. Evil Roland Grapow -según lo bautizó Andi Deris-, donde demostraron que también en vivo pueden opacar un poco tanto optimismo luminoso y llevarnos a pasear por las oscuras mazmorras de la sensibilidad; o cuando luego de que Andi regresara del baño, Roland comenzara a repetir la frase: "¿Recuerdan que el año pasado estuve aquí?". En ese momento la gente recordó la última visita junto a Gamma Ray y comenzó aplaudir con gran intensidad. Muchos ya sabían lo que iba a suceder. "Future World", otro gran clásico de los metálicos ´80s, brillaría con toda su intensidad. Y la verdad es que no se equivocaron ni un ápice.
Si analizo el desenvolvimiento individual de cada uno de los músicos me quedo con que Roland Grapow resultó ser el más carismático e interesante de todos. Ya que mientras que Michael Weikath se limitaba a escupir bases veloces y precisas, y Markus Grosskopf a edificar junto a Uli Kusch un muro poderoso, fue Roland quien más dialogó con el público, interactuó con él y hasta le brindó un solo muy entretenido donde primó la velocidad y la melodía, además de aparecer una parte de "The Hall Of The Mountain King", de Edward Grieg, una de las melodías clásicas más reconocidas por los seguidores del metal. En segundo lugar entraría Andi Deris, quien tiene la particularidad de obtener una especie de carisma vitalicio por ser cantante y frontman, lo cual lleva a que el público entone los estribillos a la par como si fuese lo último que fueran a gritar en su vida. Por otro lado estaría Weikath, quien siempre parece estar por obligación y con cierto desgano, pero que según reveló en la entrevista, es sólo la manera en que luce.
Tampoco faltó el momento bochornoso de la noche, ése al que el público local nos tiene acostumbrados. Cuando Andi comentó que el día anterior habían estado en Chile, muchos comenzaron a silbar dando muestra una vez más de nuestra infantilidad bananera. Entiendan que nunca nos cansamos de destacar este tipo de manifestaciones futboleras y vergonzosas, porque lo deseable es que se terminen.
Regresando al recital, debo reconocer que el último tema del show fue uno de mis favoritos: "The Dark Ride", tema donde mezclan lo oscuro con lo optimista de una manera interesante y que posee un final cargados de "Oooh Oooh" para que entone todo el público como si fuera un mantra. Lo cual marcó el punto ideal del cierre para la función en sí debido a que permitió un elevado grado de comunión entre uno y otro lado del escenario. Sin embargo, allí no terminó todo. Faltaban los bises. Y ahí fue el turno del divertido "Dr. Stein", que a pesar de su simpático trámite, no resulta lo suficientemente impactante como para marcar el final de una velada. En fin, la gente y este cronista fueron partícipes de un gran show donde se demostró que los Padres recuperaron una fuerza e intensidad que en sus anteriores visitas no habían demostrado. Pero también con ganas de escuchar más clásicos pertenecientes a los míticos "Keeper Of The Seven Keys".

Martín Brunás
(Revista Epopeya N° 42)



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