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GAMMA RAY en Cemento, 4 de julio de 1997

CALABAZAS Y VERTIGO

GAMMA RAY 04-06-97 - Cemento

"La ruta me llevó a Cemento por la calle Salta, desde donde se veía una cuadra larga de cola, con el malevaje vernáculo apelotonado a causa del frío. El lápiz del almacenero me decía que la cita iba a contar con, al menos, mil y pico de invitados. Cargaba con la pena de pensar que iba a ver a una de esas bandas que siempre esperé en un lugar nefasto como Cemento, pero qué remedio...

Y la noticia reciente de que Timo Tolkki de Stratovarius había cancelado su gira de prensa (y su posible participación en algunos temas con Gamma Ray en vivo) tampoco me había dejado de un humor ideal. Gamma Ray apareció alrededor de la una y media, acompañado por aquella intro de su primer disco "Heading For Tomorrow" titulada simplemente "Welcome" y con el valor agregado de aquello que, como una alfombra roja a nuestros pies, nos invita a la lujuria. Kai Hansen en el centro (una verdad de Pero Grullo, vea) impregnado en negra pulcritud, el recientemente convertido en bajista Dirk Schlächter con su cara de psicótico y su torso desnudo, a su izquierda, el nuevo violero Henjo Richter y su prudencia escénica a la derecha y el espectacular batero Dan Zimmermann tras sus tambores negros. Luego de la introducción, nos cayó como un mazazo la primer sorpresa: el tema encargado de abrir la pirotecnia fue nada menos que "Ride the Sky" de aquel salvaje Helloween que aún no contaba con Michael Kiske, y una década se me vino encima con el recuerdo de mis uñas clavándose en las paredes luego de escuchar "Walls Of Jericho" por vez primera. Gamma Ray es en vivo (y no puedo dejar de caer en las comparaciones) todo lo que el actual Helloween desearía ser: un vértigo que atonta y marea, dos guitarras que serruchan los cimientos hasta partir cualquier cosa que se les oponga, un bajo ofensivamente capaz, una batería nunca acelerada y siempre potente al extremo del dolor punzante y una voz que, si bien no es la de Ralph Schee-pers, da por tierra con la mayoría de los todo terreno (léase guitarrista-cantante en escena ). Los primeros cuarenta minutos del show fueron sencillamente para la apoteosis. La seguidilla de temas hacían hervir la sangre del más desprevenido: "Land of the Free", "Rebellion In Dreamland" y "Heaven Can Wait" dominaron el horizonte de una primera parte en donde el material que se imponía era el de su último trabajo en estudio. El sonido, en un primer momento algo turbio, fue cristalizándose con el correr de los minutos y la banda se sintió libre de desplegar todo su talento. La escena corresponde a la de un grupo efervescente, pero sin estridencias, con el dominio en la materia a cargo del ya veterano (pero con mucho que decir aún) Kai, que sacudía su rala cabellera con movimientos medidos y sin dejar, en momento alguno, de tener el total control de la situación. Sólo más tarde me enteré de que ésta fue la primera presentación en vivo de Gamma Ray con su nueva formación. La meseta (no sin algún declive, por cierto) vino con la ejecución de uno de los temas de su simple de adelanto, "Valley Of The Kings", que por no haber sido aún padaleado me dejó con las ganas de trocarlo por algunos de los monumentos que dejaron de lado esta noche (quizás algún tema de "Sigh No More" o "Insanity & Genius"). Luego retomaron el rumbo con "Future World" y todo se hizo pandemónico a través de ese lacerante riff que el mismo Kai compusiera para la primera parte del mítico "Keeper of the Seven Keys. Part I". Los problemas no podían faltar a la cita, pero sirvieron para que se pusiera de manifiesto que se puede tener a una audiencia razonablemente entretenida tocando de todo sin tocar nada. Hansen hizo cantar a la gente (mejor dicho, balbucear) y le respondieron con calor pero sin locura, en tanto que la banda mostró su buen humor cuando interpretó el clásico "Blue Suede Shoes" de Elvis, a quien el mismo Kai definió como "un tipo espectacular que luego se puso gordo". La fiesta llegaba a su fin sin perder voltaje. Con César apostábamos por cuáles serían los bises (tonto deporte, por cierto); bien... al menos él acertó con uno. Cuando empezaron a tocar "Heading for Tomorrow", no había Dios que me convenciera de que eso no era un sueño... ¡he ahí uno de los mejores temas de la década pasada! Catorce minutos en el disco (convertidos en veinte para el show) y con el tufillo de las obras maestras emanando por todo el lugar. Y después de semejante postre ya no había lugar para más, atrás había quedado la impactante sección de batería, un hipnótico sólo de guitarra de Henjo Richter (que supo dejar entrever su gusto por el Dios Blackmore) y todas las calorías de un concierto para dejar las manos enrojecidas de aplaudir. Claro, después de todo, no todos los días te pasan por encima los rayos gamma y vivís para contarlo."

Gabriel Ramovecchi, Revista Epopeya, Nro 4. Julio 1997.

GAMMA RAY 04-06-97 - Cemento

 

CUATRO SOPORTES CUATRO

"En Cemento, el primer soporte estaba citado para las 22 hs. pero abrió a las 23,30 hs. Los chicos de Fugitivos pusieron todo el ímpetu y las ganas para remontar el deficiente sonido inicial, y en cierta medida lo lograron, pero fue sólo a partir de su versión del clásico de Iron Maiden "The Number Of The Beast" que las condiciones técnicas fueron mejorando para ellos y develaron a una agrupación con ribetes de power metal y pocas luces en el aspecto vocal. Por su parte, Imperio, la banda de Christian Bertoncelli, ex cantante de Horcas, también sufrió los problemas de sonido, que eclipsaron en parte el activo desempeño de aquél aunque permitieron apreciar cuánto ha progresado de un tiempo a esta parte. La propuesta se acerca más a Maiden y Helloween de lo que uno podía haber sospechado, y con mucha solvencia llevaron adelante el trámite sin escatimar energía. En Dr. Jeckyll, Trauma dio el puntapié inicial a un evento muy demorado, y la escasa concurrencia se preguntaba cuál era el propósito de incluir a una banda que está más cerca del metal alternativo en la vena de Corrosion Of Conformity o Life Of Agony que de formas más tradicionales y ligadas al estilo de Gamma Ray. En consecuencia, Trauma no logró conmover a la audiencia, pero al menos mostró lo suyo con dignidad, que ya es algo. Humanimal, por su parte, dio un modesto vuelco con respecto a su anterior presentación como soporte de Angra. Mucho más sueltos y despiertos que la vez pasada, dieron a entender que los nervios tuvieron mucho que ver con el rendimiento anterior, sobre todo por parte de su cantante, que enfrentó al público con mayor seguridad y onda. Acaso faltó algún cover para entusiasmar al respetable, pero en líneas generales cumplieron con su misión de romper hielo."

César Fuentes Rodríguez, Revista Epopeya, Nro 4. Julio 1997.

 

GAMMA RAY 04-06-97 - Cemento

 

"Una vez más, el local de la calle Estados Unidos fue el lugar de la cita. Fugitivos tuvo a su cargo abrir el fuego. Durante 45 minutos trajo su heavy-thrash y logró, por ejemplo, hacer cantar a la gente el tema de Iron Maiden ‘The number of the beast’. Más tarde subió a las tablas Imperio, cuyo estilo abarca el Metal Clásico y el Power Metal, y su set recibió un intenso aplauso por parte del público. Finalmente, luego de una considerable espera, la banda alemana Gamma Ray demostró por qué triunfa en el mercado heavy europeo. Durante casi dos horas,el cuarteto dio un gran show cargado de heavy metal y lleno de profundas armonías, melodías y fuerza. En su repertoriopresentaron temas de todos sus Cds, entre los que se destacaron ‘Land of the free’, ‘Rebellion in dreamland’, ‘Heading for tomorrow’, ‘Valley of the kings’, su último single, y covers de Helloween como ‘Ride the sky’ y ‘Future world’. Un show que satisfizo a la audiencia e hizo que se retirara feliz".

Natalio Granek. Fanzine Señales, Nro 49, Diciembre 1997.

 

 GAMMA RAY en Dr. Jeckyll, 6 de julio de 1997

"Feo día el domingo para recitales. Uno ya tiene encima el pánico del lunes y, si encima se hacen las once y el show no arrancó, la predisposición nunca puede ser la mejor. Quienes se desnucaron con la performance de Gamma Ray en Cemento, pudieron reincidir en un lugar más cómodo para una fecha anunciada con apenas dos días de anticipación. La audiencia era escasa y no tan entusiasta como la del viernes. Como consecuencia, el marco se vio seriamente dañado. Y creo que aquí radicó la disminución en el impacto que una presentación técnicamente más cuidada como fue la de Dr. Jeckyll tuvo que haber provocado. Si bien la lista de temas fue casi la misma, la ausencia de ese cross de derecha que representa "Ride The Sky" en la apertura contribuyó para que los ánimos no se encendieran de inmediato, sino a medida que se desarrollaba el trámite. Volvieron a brillar "Abyss Of The Void", "Tribute To The Past" y el espectacular "Heading For Tomorrow" para el cierre, donde Kai Hansen intercaló el célebre solo de Brian May para el clásico "Brighton Rock" de Queen y un tecladista local se unió improvisadamente para apoyar el interludio. Los juegos de voces con el público durante "Future World" resultaron más soportables y amenos que los del otro día e igualmente promediados por el desparpajo de "Blue Suede Shoes". Dan Zimmermann con su carita de Benny Hill, volvió a escupir fuego por la boca y a convertirse en una máquina tras el doble bombo. Y el resto se despachó a gusto en progresiones de vértigo que crearon la ilusión de haber presenciado un show más corto de lo que en realidad fue. Como salido de la nada, se transformó en la gran perla del concierto un cover casi improvisado de "Child In Time" de Deep Purple que Henjo Richter comenzó en el teclado y que nadie pensó que iban a desarrollar en extenso. Kai Hansen no llegó al hiperagudo en la tercer tanda de gritos que Gillan patentó, y pidió disculpas, pero a nadie pareció importarle porque a esa altura todos estábamos pasando un instante de ensueño, y tan extrañados que no queríamos ni respirar fuerte para no quebrar la magia del momento. En el fondo, sabíamos que era uno de esos que no se repiten."

César Fuentes Rodríguez, Revista Epopeya, Nro 4. Julio 1997.

GAMMA RAY 06-06-97 - Dr. Jeckyll

 

 

GAMMA RAY
en el Marquee, 5 y 6/6/99

Rebelión En La Planta De Poder
El evento: la segunda visita de los emblemáticos powermetaleros germanos a nuestro país. La excusa: la presentación del poderoso (valga la redundancia) "Powerplant". El valor agregado: la presencia del Helloween Roland Grapow y su banda solista. La combinación: lógicamente explosiva. De los detalles, entérense a continuación...

¿Dónde estás recinto ideal de mi vida que no te puedo encontrar? Que en un sitio como el Marquee se lleven a cabo recitales es algo que sinceramente me supera. Pocas veces me topé con un lugar tan incómodo, problemático y, para colmo, geográficamente mal ubicado. Las molestas columnas del lado de la barra, la ridícula altura del escenario (todavía me duele el cuello de tanto mirar para arriba) y el lamentable "balcón de prensa" (una cueva de 2x2 con un agujero en la pared cubierto de rejas que difícilmente te permite observar a la totalidad de los músicos) no hacen más que perjudicar seriamente el disfrute de cualquier tipo de espectáculo. Y yo que pensaba que lo de Cemento era insuperable... Por suerte, lo que vino a continuación bien valió el esfuerzo...

Antesala

El primer turno de la noche del sábado le correspondió a Prophecy. Nunca antes los había escuchado y, honestamente, tampoco me dejaron con muchas ganas de volver a hacerlo. Ofrecieron la habitual combinación heavy/power metal con bastantes reminiscencias del viejo Helloween, pero si bien instrumentalmente cumplieron sin demasiados baches, les faltó ese desenvolvimiento característico que únicamente te da la experiencia y su consecuente pérdida de temor a las tablas. Al cantante se lo veía entusiasmado, e inclusive intercambió unos cuantos diálogos con un público más respetuoso que satisfecho, pero su voz fue justamente el punto flojo del grupo. Ni la más contagiosa de las alegrías lo salvó a la hora de los agudos.
Lo de Patán fue otra cosa. Su heavy metal ortodoxo y ultra-ajustado se desenvolvió con notable contundencia en un set que no presentó la más mínima de las fisuras. Energía es lo que a estos muchachos decididamente les sobra, e inclusive me llevé unas cuantas sorpresas con el cantante (físicamente, casi un clon de Tim "Ripper" Owens... con un poco más de pelo) y sus agudos más estratosféricos. Para el remate se despacharon con "The Trooper", y mi inocultable amor por la Doncella terminó por convencerme: de las propuestas nacionales del sábado, y lejos, Patán se llevó las palmas.
De April tenía muy buenos comentarios y, de hecho, su heavy sinfónico resultó muy interesante, pero algo en mi interior me decía que no estaban en su mejor noche. La sutileza de los arreglos (sobre todo los de las guitarras), el evidente buen gusto de los músicos, y las atmosféricas intros (aunque hubiera preferido la presencia de un verdadero tecladista, y no una grabación en mini-disc) demostraron que lo suyo da para mucho más. Espero poder sacarme la duda en un futuro próximo.
El domingo, los infaltables Imperio hicieron gala de su poderío y de su cada vez más envidiable curriculum de soportes (lo cual, lógicamente, se traduce en experiencia escénica) frente a una audiencia que conocía sus temas de punta a punta, y no paraba de corearlos fervorosamente. Pocas veces vi semejante fidelidad y entrega frente a una agrupación nacional tan relativamente joven.



Derrochando Poder

"Anywhere In The Galaxy", "Gardens Of The Sinner" y "Short As Hell" seguidas y enganchadas me pasaron por arriba reduciéndome a los más insignificantes escombros con sus aplastantes toneladas de adrenalina. Y de entrada, los Gamma Ray me metieron en sus bolsillos. Tal vez el hecho de que gran parte del material más antiguo de la banda me resulte desconocido contribuyó a que el show me haya parecido tan impactante y arrollador, teniendo en cuenta que Kai Hansen y compañía subieron al reducido escenario del Marquee decididos a promocionar, a toda costa, sus dos últimos trabajos, de entre los cuáles, lógicamente, abundó el material de "Powerplant". Así fueron pasando "Heavy Metal Universe", "Send Me A Sign" y la épica "Armageddon", pero al escaso público presente, de poco más de 300 personas -un panorama realmente desolador y el fiel reflejo de la preocupante actualidad de nuestro bendito país- esto no pareció molestarlo en demasía, ya que todo el mundo coreaba y saltaba al ritmo de las nuevas canciones. Instrumentalmente, lo de los alemanes fue impecable. Hansen, con su sonrisita pícara como mueca inamovible, sacudía alegremente su cada vez más rala cabellera, se subía a la plataforma de la batería para más tarde lanzarse en caída libre (en el primero de sus pequeños saltos, casi lo vamos a buscar al hospital) e invitaba a la gente a engancharse en los habituales cánticos sin caer, afortunadamente, en el abuso de los mismos. Dan Zimmermann no pifió un solo golpe, y sus minuciosamente cronometrados repiqueteos tras los dos bombos siguen retumbándome en la cabeza hasta el día de hoy. Henjo Richter fue el más moderado en lo que a presencia escénica respecta, pero su habilidad en las seis cuerdas (más algunas intervenciones en los teclados) dio sobradas muestras de talento. Dirk Schlächter, en cambio, es un verdadero animal en ambos sentidos: saltaba, corría, gritaba, hacía coros y revoleaba su melena como un psicótico, y hasta se despachó con un logrado y entretenido solo (al que luego se le sumó la batería) en donde demostró lo bien que conoce su instrumento. Sus veloces digitaciones con la mano derecha y los desenfrenados golpes de slap sorprendieron a más de uno (entre los cuales me incluyo). A su vez, el sonido resultó ser cristalino y robusto al mismo tiempo, alcanzando, inclusive, niveles casi óptimos en algunas instancias del show, entre las cuales se destacaron los notables paneos y efectos en stereo de las guitarras. Como consecuencia, la banda sonó hipercompacta y derrochó vértigo a diestra y siniestra, logrando picos de euforia a la hora de "Rebellion In Dreamland" y "Somewhere Out In Space". Y para aquellos que no paraban de pedir a gritos algo del repertorio más antiguo de los alemanes (muchos tal vez hubieran preferido escuchar algo de "Heading For Tomorrow" o "Insanity And Genius"), el final de los bises nos encontró colgados del techo (y de esa suerte de jaula, en dónde supongo danzarán infartantes féminas durante las facetas más oscuras del recinto) de la mano de "Ride The Sky", el clásico de Helloween. Y con semejante postre a cuestas, no nos quedó más remedio que sucumbir. Llegaron los rigurosos saludos y agradecimientos, y a la hora del balance, no hubo lugar para el reproche. Los rayos gamma, con o sin calabazas a modo de condimento, siguen siendo mortales.

El Regreso De Las Calabazas Vivientes

El domingo el menú fue doble. Luego de la ajustada actuación de los locales Imperio, el guitarrista Roland Grapow y sus lujosos acompañantes (Mike Vescera en la voz, Ferdy Doernberg en los teclados, Jens Becker en el bajo y Mike Terrana en la batería) se apoderaron de las tablas. Y una vez más, el factor sorpresa me jugó a favor: les mentiría si les digo que no la pasé bárbaro durante los poco más de sesenta minutos que duró el trámite. Yo esperaba toparme con cinco tipos demostrando cada uno por su lado, y hasta el hartazgo, lo bien que conocen todos los recovecos habidos y por haber de sus correspondientes instrumentos. Por fortuna me equivoqué, y a pesar de que no faltó algún que otro solo (breves y concisos, y, por ende, doblemente efectivos), las canciones supieron sucederse sin altibajos.
Hansen había prometido un show aún más enérgico para el domingo, aclarando que lo del día anterior había sido "tan solo un precalentamiento". Sin embargo, la lista de temas fue prácticamente la misma, e incluso su voz sonó un tanto menos caudalosa y desprovista de matices. Para colmo, el sonido, si bien nunca se alejó de los parámetros de lo correcto, se tornó opaco y demasiado sobresaturado en algunas ocasiones. Y de yapa, afloraron los infaltables problemitas técnicos (la intro de "Send Me A Sign", por ejemplo, se cortó a los pocos segundos de haber comenzado, y nunca volvió a sonar) que, a pesar de todo, fueron airosamente sobrellevados. Pero instrumental y enérgicamente hablando, Hansen, Schläcter, Richter y Zimmermann fueron los mismos monstruos de siempre, y el ahora un tanto más numeroso público (casi el triple que el del sábado), con su inocultable alegría, contribuyó a que la fiesta se desarrollara sin mayores percances. El verdadero broche de oro, y la única diferencia relevante con respecto a la noche previa, fue cuándo Kai hizo subir a "un invitado de lujo" que, obviamente, resultó ser Roland Grapow. Y lo que todos ya sabíamos de antemano (pero que al fin y al cabo nos moríamos por ver hecho realidad de una buena vez) se concretó: en lugar de "Ride The Sky", el ahora quinteto arremetió sin la más ínfima gota de misericordia con el memorable riff de "Future World". Una vez más, las calabazas dieron el presente mientras la gente le pasaba despreocupadamente por arriba a los encargados de seguridad con tal de estar un milímetro más cerca de aquél soñado momento. Y con la imagen de Hansen y Grapow abrazados, llegó el inevitable final. Saludos van y agradecimientos vienen (Kai, en un lapso de pérdida del sentido de la ubicación, llegó a decir "¡Muchas gracias Barcelona!" para luego disculparse, entre risas, por su descuido), para cuando nos habíamos recuperado de aquel incomparable cosquilleo al que podríamos denominar "magia", el reloj marcaba la 1:15 de la madrugada del lunes... Era hora de volver a confrontar la realidad... aunque esta vez, con los corazones recargados de energía.

Esteban Medaglia

 

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