FESTIVAL POWER PROGRESIVO NEMS
en Cemento, 18 de Noviembre del 2000


LA VIDA COLOR POWER METAL



El título de la nota no podía llamar a errores, verdad? De modo que, como asistente al show debía saber de antemano con qué me iba a encontrar, más allá de la presencia de las dos bandas extranjeras, que siempre generan su dosis de intriga. Si a eso le sumamos que el grueso de los conjuntos locales (tres de cinco) abrevaban en el mismo lecho estilístico que las de afuera -léase power metal-, difícilmente podía pretender mucha variedad. Independientemente de los géneros, ya alguna vez ha quedado demostrado lo contraproducente de poner tanta cantidad de grupos en un lugar con las comodidades de Cemento; soy de la idea de que no ayuda a las bandas y de que el público ve menos aunque haya más, ya que a la mitad no les presta debida atención, presa del hartazgo que crece con la hora. Dicho esto, ocupémonos de los protagonistas…



HUMANIMAL
aparecía bajo el mote de "banda invitada" aunque eso no pudiera palparse más allá de los afiches publicitarios o de su condición de acto de apertura. El grupo del violero Pablo Soler sonó muy ajustado y sin mayores problemas de sonido (de hecho, me comentaron que fue la única banda nacional que hizo pruebas) y tal vez lo más llamativo fuera la presentación en sociedad de su nuevo cantante Iván Sención; el tipo superó el examen con creces ya que parece acoplarse a la perfección con sus nuevos compañeros. Como se sabe, la banda profesa un estilo power más en la vena de Racer X o Cacophony, por nombrar dos íconos del género, y bastó prestarle la debida atención a las poderosas "Mentiras Piadosas" o "Legado" y darse cuenta de que en verdad les queda bien ese espacio en donde la guitarra del mismo Pablo se mueve como pez en el agua, comparaciones con Malmsteen al margen. Habrá que estar atento al material que saldrá en breve ya que tienen pensado entrar a grabar los próximos días.

LORIHEN fue a continuación y aprovechó la oportunidad para presentar en sociedad lo que es su disco debut "Utopía". Su propuesta coincidía netamente con el estilo dominante de la noche, ése que muestra a Helloween y Gammma Ray como sus pilares. La banda hizo gala de su polenta y precisión, y se despachó con un cover muy logrado de "I Want It All" de Queen con el cantante Javier Barrozo haciendo malabares junto a un violero como Emiliano Obregón, que conoce bien su trabajo. Junto al bajista Damián Janczur y al batero Hernán Ríos redondearon una labor que estuvo entre las mejores de la velada.
Siguió PRESTO VIVACE, acaso la más ajena al género reinante. La simpatía de la trouppe del bajista Marcelo Pérez Schneider a la cosa entroncada en la estirpe de Rush es evidente, aunque ese apego se note menos en el nuevo trabajo "Utopías Color Esmeralda". Vale decir, mi interés en ellos se basaba no sólo en el hecho de que son probablemente lo más solvente que se pueda pedir con sus instrumentos, sino que además eran la única banda que se salía de libreto. El nuevo material resulta más pulido y ligeramente menos trabado que el anterior "959" y la evolución se nota con creces. El nuevo vocalista Gabriel Chaperón hizo gala de una garganta envidiable y de uan escena mucho más lograda que la de su predecesor. Estupendo cover de "The Clairvoyant" de Iron Maiden (inusitada elección!) al que engancharon con "Scarfield" de Racer X. El punto en contra es que, para apreciarlos en toda su dimensión, se debe tener una concentración que no es posible en las circunstancias que rodearon al festival… y por otra parte, sospecho que eso es responsabilidad de la misma banda.

Era extraño en cierta forma que una de las bandas principales de la noche, LABYRINTH, subiera a escena a mitad del show. Extraño pero entendible, habida cuenta de que ambos comparten guitarrista, el talentoso Olaf Thorsen. Lo de talentoso lo comprobamos hora y media después, porque durante la presentación de Labyrinth se pudo apreciar casi en cuentagotas. La primera palabra que me viene a la cabezacuando pienso en estos tanos, y en lo que fue su show, es "aburrido". Presentaron su recién salido "Sons Of Thunder", y en lo personal me parecía que el material era lo bastante sólido como para que en vivo la cosa fuera distinta de lo que fue: predecible, anodina, técnicamente impecable desde la labor de todos sus integrantes pero carente de la más mínima cuota de encanto. Sin ir más lejos, el cantante Rob Tyrant, que en el disco se muestra como un prodigio, acá resultó particualarmente apagado, sin conexión con la gente. El otro ejemplo fue el del bajista Chris Breeze, quien tuvo una labor técnicamente perfecta, tocando sus bajo de seis cuerdas como un profesor en la materia, pero sin el mínimo candor. Tal vez fuera lo extenso de sus show (el más largo de todos, acercándose a los 90 minutos) o tal vez lo reciente de su nuevo disco -con canciones que la gente no conocía, y por lo tanto no podía seguir- o quizás una sencilla falta de química interna, pero Labyrinth resultó de lo más opaco de la noche… resulta meas amigable referirse a una mala noche que decir que la banda sólo ofrece meas de lo mismo dentro del estilo, ese estilo repetitivo hasta la parodia pero que está hecho por bandas que parecen no encontrarle la vuelta a tanta falta de ideas.

BETO VAZQUEZ INFINITY venía con el pergamino de haber deslumbrado como soporte de Nightwish en Acatraz y con un proyecto que va tomando forma rápidamente a pesar de lo ambicioso del mismo… o tal vez gracias a eso. Lo que se puede decir es que la banda fue de lo meas destacado de la cosecha nacional, a pesar de los problemas de sonido que aquejaron a su flautista Lilah Bertolini durante gran parte del show. El grupo practica un estilo que va desde lo más reposado del rock sinfónico (ese que tiene a Pink Floyd como principal referente) hasta el más altivo power metal. Algunas de sus canciones dan prueba de ello, como "The Battle Of The Past" o "Until Dawn" que sonaron a las mil maravillas, con el cantante Max Ditamo como principal abanderado. Beto Vazquez se encuentra entregado a una labor mucho más lúcida que en su pasado con Nepal, y el tecladista Danilo Moschen supo cómo hacerse cargo de toda la carga melódica de la música de Infinity. El cierre a todo trapo en la piel de "Land Of Inmortals" de Rhapsody terminó por levantar al público, que coreó el tema de principio a fin.

Al referirnos a la siguiente banda, tal vez debamos hacerlo como la más promisoria de la nueva generación dentro del género en estas latitudes: me estoy refiriendo a AZEROTH. Tienen una sumatoria de virtudes que barre con cualquier mácula que uno quiera adherirle; son fuertes donde otros flaquean: en la composición. La dupla de guitarras de Oscar Castro y Juan Manuel Villagra está muy bien trabajada y la base de Fernando y María Eugenia Ricciardulli (bajo y batería respectivamente) es un apared. Tocaron varios temas de su disco debut y el público los acompañó calurosamente, en especial en el tema "Historias De Hoy", que cantaron a dúo Diego Valdez y Christian Bertoncelli de Imperio. Más power metal para la vitrina, pero con ellos quedó definitivamente confirmado la mejor noticia de la noche: las bandas de acá no tienen nada que envidiarles a las de allá.

Para cuando VISION DIVINE subió al escenario, yo ya estaba empachado de power metal. No quería volver a escuchar un solo repiqueteo de uan doble bombo nunca más en mi vida y, en principio, la banda de Fabio Lione me dio la razón. Los problemas de sonido los hicieron empezar a los tumbos, con un Fabio que no llegaba (con el correr de los minutos me daría cuenta de que era un problema técnico con el micrófono) a ninguno de los lugares a los que nos tienea acostumbrados tanto en Rhapsody como en Vision Divine. La primera parte transcurrió sin grandeza y nos ofreció un abanico de canciones de su -hasta ahora- único disco del cual rescato "New Eden" como lo más acabado del lote. Promediando su set vino la perla: una espectacular versión de "Gutter Ballet" de Savatage que, a pesar de lo bien lograda que estuvo, no consiguió lo que el siguiente cover "Wasted Years" de Maiden logró con creces: enloquecer a las mil y pico de personas presentes. Cuando todo el mundo esperaba la versión de "The Final Countdown" de Europe los tipos se despacharon con "Damage Inc." de Metallica y todo se vino abajo a fuerza de pogo y sudor. Como decía antes, no es lo mismo ver a Olaf Thorsen en Labyrinth que en Vision Divine…. Acaso por aquello que denominamos cómodamente química, el tipo se transforma en un afiera enloquecida, y tiene compañeros como el bajista Andrea Torricini y el incandescente Fabio "cómo canta el chabón!" Lione a los partenaires necesarios como para hacer estragos en cualquier escenario. L apena fue que no pudieran ofrecer un bis, ya que estaban atrasados para tomar el avión, y nos dejaran con ganas de más… Con una despedida que pecó de abrupta; aunque, sospecho, habrá revancha. Una estupenda, aunque sobrecargada, noche de Power Metal, poblada por excelentes bandas que profesan un amor celoso por un género que, últimamente, parece hacer poco más que retirarse a sí mismo, pero siempre guarda la llave de puertas inesperadas hacia el jardín de las delicias.

Gabriel Ramovecchi
Fotos: Carlos Mattioni
(Revista Epopeya N° 37)



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