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ANGRA en Dr. Jeckyll y Club X en 1996

Angra '96 - Club X

Angra '96 - Club X

Angra '96 - Club X

Angra '96 - Club X

Angra '96 - Club X

Angra '96 - Dr. Jeckyll

Angra '96 - Dr. Jeckyll


ANGRA en Dr. Jeckyll, 25,26 y 27 de abril de 1997

ANGRA 27-04-97 Dr. Jeckyll

ANGRA 27-04-97 Dr. Jeckyll

"Angra realizó en el local de Belgrano dos conciertos eléctricos y uno acústico. La banda brasileña vino para lanzar oficialmente un EP en vivo titulado ‘Holy Live’, pero realizó su set basándose principalmente en lo que le pidió la gente, así que no podían faltar clásicos como ‘Carry on’ , además de emblemáticos covers como ‘Painkiller’ de Judas Priest o ‘Wasted years’ de Iron Maiden. Calidad y entrega por demás ante un público enfervorizado y dispuesto a todo (...) Lleno total entonces para las tres presentaciones de Angra (...) Que se repita".

Ariel Torres. Revista Generación X, Nro 204, Mayo 1997

 

 

"Humanimal se encargó de abrir el show en Belgrano durante 40 minutos. El quinteto integrado por Horacio Pinasco en bajo, Wiry Cañete en batería, Pablo Soler y Mariano Massei en guitarras, cumplieron un buen trabajo e incluso recibieron ovaciones en un tema que contó con la presencia de Adrián Barilari y Daniel Tellis como invitados. Media hora más tarde André Matos, Kiko Loureiro, Rafael Bittencourt, Luis Mariutti, Ricardo Confessori y Leck Filho como tecladista invitado se metieron al público al bolsillo. ‘Nothing to say’ logró agitar desde el vamos, ‘Silence and distance’ fue escuchado con respeto, ‘Make believe’ fue cantado por Matos en el suelo, ‘CarolinaIV’ fue una fiesta. ‘Holy land’, ‘Çarry on’ y ‘Angels cry’ fueron muy coreados y ‘Painkiller’ y ‘Wasted years’, sendos covers de Judas Priest y Iron Maiden, lograron desatar al público que se desconcentró muy feliz luego de dos horas en que los m;úsicos demostraron muy buena calidad".

Natalio Granek. Fanzine Señales, Nro 49, Diciembre 1997

ANGRA 5-04-97 Dr. Jeckyll

ANGRA 25-04-97 Dr. Jeckyll

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EN LA TIERRA DEL TALENTO

"Tres conciertos en Dr. Jeckyll de esos que difícilmente puedan ser olvidados. Las noches del 25, 26 y 27 de abril tuvieron un abanico de manjares para el oído que trataremos de describirles en esta reseña.La cantidad de gente desperdigada por los alrededores de Cabildo y Monroe, ataviada en su mayoría con campera de cuero y los distintos emblemas del uniforme heavy, hacían suponer una nutrida concurrencia a cada uno de los conciertos que la bando ofreció en este Abril de temperaturas ciclotímicas. El conocedor de los locales recitaleros sabe distinguir y clasificar a las audiencias como si de ganado se tratase, esto dicho con todo respeto. El tema es que la masa que esperaba en las afueras de Dr. Jeckyll el día del acústico distaba de ser la habitual que estos eventos saben albergar. Los habitués incondicionales de la fauna metálica embadurnados con aire a lo "yo también me banco las guitarras acústicas", y una flora femenina felizmente heterogénea atraída por el anzuelo de una propuesta principesca anudada a la garganta privilegiada de André.         


ANGRA 26-04-97 Dr. Jeckyll

Charlando con él, me confesó que sentía que la necesidad de dividir el material acústico del eléctrico se debía a los diferentes climas que se creaban en torno a éstos; de dientes apretados y promesa de catarsis en uno y de distensión e intimidad en el otro. Ese era el motivo por el cual el sábado se respiraba un ambiente de relax, hogar a leña y una buena bebida; aroma de cosas de amigos, una cofradía reunida para hablar de vivencias entre gallos y medianoche. El tranquilo y desenchufado sábado dio comienzo con un retraso bastante razonable que no hizo otra cosa que lo que se esperaba que hiciera: aumentar el deseo. Las luces se adormecieron y dieron paso a un haz violáceo que puntualizaba el efecto causado por el "Crossing"que marcaba la apertura del concierto. Hay varios aspectos a destacar con respecto a lo sucedido, pero dos descollantes: lo que es Angra en un set acústico y como responde el público no muy acostumbrado a este tipo de situaciones. Respecto de lo primero, Angra se siente tan cómodo sin enchufes como con ellos, y acaso sea la síntesis de lo que es la banda, un grupo que suena aguerrido aún navegando en las mansas aguas de las guitarras españolas y las banquetas típicas de los "unplugged". "Nothing to say" fue, como es costumbre a esta altura, la encargada de abrir el concierto previa aparición de los músicos, que irrumpieron como si lo hicieran en el living de la casa de uno...tranquilos, serenos, distendidos y dispuestos a alimentar el fogón desde la imaginación. El cuadro mostró un pasaje principal centrado en la figura de André y su voz que alterna la espada con la pluma y arremete con todo su arsenal interpretativo y un increíble caudal de matices, más las guitarras de Kiko Loureiro y Rafael Bittencourt que le otorgaban una cadencia y un colorido más que interesante a las composiciones que uno está habituado a escuchar con otra perspectiva. Así fue construyéndose un show que supo cómo mantener la audiencia entretenida – no copada – en especial a los corazones del sexo femenino que, sin hacer culto de la famosa histeria, gozó de un espectáculo de gran calibre, aunque, quitando las diferencias sexuales, todos hubiéramos disfrutado más si la fiesta hubiera tenido unos minutos menos. El especial de la noche? La excitante versión de "Wuthering heights", porque muestra todos los pergaminos de André en forma magistral y la exhuberante "Holy land", que pareció concebida para este formato. El domingo se ofrecía el mismo programa que el viernes, pero me tomó por sorpresa. Hay quienes piensan que Angra es un grupo del todo delicado en el estudio (yo estoy entre esos), que no logra darle a las canciones esa polenta que se supone deberían tener. Bien, puedo asegurar que se trata de un "problema" (las comillas puntualizan lo subjetivo de la creencia) exclusivo del disco. En vivo estos tipos arrasan, demuelen, asolan.
La cita dio comienzo otra vez con "Crossing", a la que le sucedió la temperamental "Nothing to say", y ésta me parece una buena ocasión para hacer un parate y tratar de pintar lo que es esta banda sobre las tablas...:as guitarras de Kiko y Rafael meten una estocada detrás de otra, se cuerpean, hacen duelos a muerte, a veces van juntas, otras andan por caminos cruzados, pero siempre cumplen con acierto su labor de abastecer a las canciones de energía, de electricidad y vértigo. No hay una sola canción de Angra que en vivo suene desamparada...Hasta los silencios parecen cuidados. A esto súmenle la poderosa voz de Matos metiendo pinceladas sobre un paisaje ya establecido, y tendrán un acercamiento a lo que es el grupo en vivo. Las canciones se sucedieron con rapidez pero sin apuro, como una amante que mantiene a su mujer interesada pero se toma su tiempo para que el clímax llegue en el momento justo. Como cabía esperar, el material que dominó el concierto fue el de "Holy land", y así fue como la banda puso en juego su temperamento para interpretar obras tan complejas e intrincadas como "Carolina IV" o "Z.I.T.O.". Así fue como superaron un escollo que sólo existió en mi imaginación, ya que a la banda no se le notó nunca una duda que le hiciera subir el pulso. "Unfinished allegro" y "Carry on" se mostraron como las gemas de un primer trabajo que, creo, aún no ha sido debidamente degustado. Las 800 personas allí presentes lo entendieron también, y poguearon y aplaudieron como si fuera la última vez, al tiempo que asistieron a una simbiosis de metal con música clásica y toques del Brasil más auténtico. Para los bises el grupo dio en la tecla...al ya mencionado "Carry on", se le sumó el exacto y portentoso "Painkiller"de Judas Priest, que Angra se lleva a los hombros sin rubor alguno y que no sólo quita penas, sino que además engulle todo a su paso. El broche de oro vino por el lado del plus no ejecutado el viernes: "Wasted years" de Iron Maiden (que también había sido interpretado en el acústico) en una versión a la medida de una banda que, sobre el escenario, tiene lomo para aguantar cualquier peso, incluso el de las leyendas".

Gabriel Ramovecchi. Revista Epopeya, Nro 2, Mayo de 1997.

 

Angra en Cemento y Acatraz, 24 y 25 de Octubre de 1998

LA GLORIA QUE NO FUE

Esta segunda visita de Angra a nuestro país se vio signada por los problemas de sonido y por esos pequeños y lamentablemente cotidianos percances que, en algunos casos, bien pudieron haber sido evitados. Claro que la banda tiene capital suficiente para poder sobrellevar dichos tropiezos, aunque hay que remarcar que no simpre supieron cómo ponerlos en práctica. Pasen y entérense de cómo fue la cosa...

Llegué a Cemento apenas diez minutos antes de que entraran a batallar para el aún escaso público presente los chicos de Helizer, de modo que los habituales escrutinios del panorama que me rodeaba no pasaron de un vistazo fugaz. Y aquí me detengo en algo tantas veces comentado, y me refiero al sentido que puede tener poner tres actos soporte con sets de media hora de duración cada uno. Para cuando el primer grupo empezó a tocar, en el recinto había unas trescientas personas. Probablemente los músicos que ofician de teloneros prefieran tocar para pocos que no tocar, pero me sigue pareciendo que no es la forma correcta de darles una mano para que crezcan, si acaso de eso se trata. De todas formas, los chicos resolvieron cualquier eventualidad en lo tocante a la cantidad de público, o a la indiferencia de muchos, con el sencillo método de tocar a morir. Lo suyo fue escueto y directo, con un sonido que no los ayudó demasiado (aunque tampoco los perjudicó). Heavy metal clásico con cosillas de Helloween y un muy conveniente toque personal, todo bien aderezado con el calor que ponen aquellos que saben de lo importante de estas oportunidades, aun teniendo en cuenta lo dicho al principio.

Con un intervalo bastante corto se posó sobre las tablas la gente de Presto Vivace. Y qué decir de ellos... son músicos como para que el resto tenga una mueca de envidia. Claro que el estilo nos los ayudó, si nos remitimos a la tibia reacción del público (que por entonces era más numeroso) y si pensamos que más allá del paladar estilizado del tipo que va a ver a Angra, la gente tal vez anda en busca de algo de digestión más ligera. Su performance fue, aún así, impecable, demostrando a través de temas como "Laberintos" que lo suyo es intrincado y requiere de atención permanente. Eso sí, el calor va directo a la columna del debe.

Para cuando Horcas subió a escena el local estaba prácticamente atiborrado y, bueno, las piezas empezaban a encajar. Horcas necesita de ese gran público que lo vitorea y que idolatra la figura de Osvaldo Civile (dicho al pasar, un ex V-8) como si de un mesías se tratara, y más allá de que no me engancho mucho con lo que la banda hace al día de hoy (diez años atrás me parecía lo más de lo más), no dejo de sorprenderme por lo que es capaz de lograr en vivo. Son crudos, rudimentarios y viscerales y no se preocupan por muchas cosas más allá de la energía y del vértigo, al fin y al cabo "Garras" y en especial el pegadizo "Muerto En La Calle" son lo que el público espera de ellos y lo que la banda les da. Y está bien.

Lo que sigue es el vivo ejemplo de que a veces las expectativas son desmedidas. Lo digo porque yo esperaba más de lo que en las dos noches la excelente banda de André Matos pudo ofrecerme, y dénme la licencia de poner en primera persona lo que creo que atañe a todos los que estuvimos presentes. La pirotecnia comienza con "Wings Of Reality", la canción correcta por estructura, porque abre el último trabajo "Fireworks" y porque entre todo el repertorio de Angra resulta ideal para entrar en clima. Ahora bien, desde el vamos se notó que el sonido no era el mismo que el del año pasado (y me refiero al show que en ese momento ofrecieron en el mismo Cemento), con una cosa entre grave y pastosa que embadurnaba sin llegar a molestar, pero evitando brillo. Y es bueno mencionarlo desde el principio porque, salvo lagunas de sonido cristalino, el resto de la noche la banda sonó acotada de sus posibilidades. He aquí la cal, para la arena tenemos las luces que pusieron en escena y que fueron de las mejores que se hayan visto en eventos de este calibre, con un poder de impacto que supo poner en relieve el natural despliegue del grupo con el agregado del buen gusto inundando el escenario. Ahora bien, respecto a la performance hay dos lugares desde donde la misma visión tiene resultados diferentes... puede decirse que André, con ese caudal de voz que nada sabe de límites, estuvo brillante durante toda la noche; que Kiko (Loureiro) y su guitarra arreciaron en los momentos justos y que se complementaron con la de Rafael (Bittencourt) como sólo dos siameses musicales pueden hacerlo; que Luis (Mariutti) en su calidad de bajista sabe atornillarse delante de los equipos, erguirse con la misma vitalidad de una momia y tocar con el oficio de un veterano y que Ricardo Confessori es un muestrario de caras al mejor estilo Jim Carey (de pez fuera del agua la mayor parte de las veces) pero que toca su batería con la precisión que la música de Angra requiere... también puede decirse que los problemas de sonido hicieron que la banda no ofreciera lo mejor de sí durante todo el concierto. Y aquí no tengo más remedio que pararme en una ciénaga, pero mi impresión es que a la banda empezó a ganarle el fastidio, que promediando la mitad del show ya querían tirar la toalla, barajar y dar de nuevo al día siguiente; en definitiva, se me hizo casi evidente que la banda no se jugó del todo. Por supuesto, "Metal Icarus" fue una aplanadora y la voz de Matos llega a niveles que casi me hacen olvidar cualquier otra contingencia; "Stand Away" supo mostrar una frescura como para adormecer las papilas por un rato y "Carry On" y "Painkiller" arrasan de tal manera que dejan yerma la memoria. Pero algo queda en el fondo del disco rígido del corazón humano y ese algo habla con voz trémula de que la mística no levantó la mano cuando se tomó lista, que la magia tiene media falta por llegar tarde y que la calidad les hizo el aguante desde la primera fila con cara de alumna aplicada. Y la gente, ese riguroso mas indulgente maestro ciruela tan acostumbrada a evaluar con el corazón -como es sano que sea- les aprobó la maratón con la euforia de costumbre y con el pedido de nuevos bises montados en gritos pelados y en aplausos enrojecidos. Al fin y al cabo era lo justo, a pesar de todo.

Para el show del domingo 25 en Acatraz el asunto se presentaba desde el vamos bien distinto. Claro, el ámbito es diferente, más íntimo, más cómodo, más apropiado y más selectivo; después de todo, no todo el mundo puede permitirse desembolsar cincuenta pesos en un show que, de movida, los vale. Un solo acto soporte en el pellejo de Jason hizo que este servidor se sintiera más a gusto por todo lo expresado arriba. Y le vino bien a la banda, por añadidura. Porque sonó sus treinta minutos exactos con todo el poder del que podían disponer para la ocasión y porque su estilo neo-power metal lo pintaba como primer plato ideal del lance. Acaso sean "Siente El Metal" y "Jason" la mejor muestra de lo que fue la banda: buena velocidad, melodía en la voz del Tano Maiorell y vitalidad en la guitarra de Ariel Ranieri para engalanar un valle de música grandota y letras chiquitas. El público les respondió lo suficientemente bien como para que los músicos bajen del escenario con una sonrisa. Bien por ellos.

Angra se hizo presente con la premisa de dar por tierra con lo acontecido la noche anterior. Y lo empezaron a lograr. Otra vez "Wings Of Reality" como apertura, pero esta vez la proximidad y un ambiente de mejor acústica potenciaron los cambios que se hacían evidentes. Y otra vez la perla de la noche en las vestiduras de "Metal Icarus" y otra vez la ígnea melodía de "Angels Cry" efervesciendo. Todo iba de maravillas hasta que promediando el set, un molesto y agudo acople se adueñó del lugar y empezó a perforar los tímpanos de los 250 presentes durante cinco largos minutos. Dos veces quizo empezar André con "Freedom Call" y dos veces falló en el intento. Técnicos corriendo de un lado para otro transpirando la gota gorda para poder encontrar el puto ruido (citando a S.O.D). Finalmente lo encontraron, pero para entonces los problemas empezaron en el bajo de Luis y no sé si una cosa habrá tenido algo que ver con la otra, pero sí sé que el show jamás se repuso. A la postre el bajo de cinco cuerdas de Mariutti fue a parar al rincón de los recuerdos y se lo reemplazaron por uno de cuatro cuerdas que estaba de adorno en algún lado del local. Desde entonces la banda empezó a perder altura a manos de un nerviosismo que, para aquellos que ya los hemos visto en otras oportunidades, era bastante evidente. En ese desprolijo panorama, tanto André como Rafael (su guitarra también tenía problemas) hicieron gala de toda su gallardía y pelaron un improvisada pero impactante versión de "Stand Away". Vale aclarar que lo peor que puede hacer una banda ante esas eventualidades es caer en la histeria, de modo que el show debía continuar y continuó, algo rengo pero con el talento de los músicos haciendo malabares para sacar todo a flote. "Carry On", "Make Believe" y "Nothing To Say" no llegaron a los lugares que suelen llegar porque fueron concebidas desde el apuro y el último bis ("Painkiller") fue lo más desprolijo que se le haya escuchado a Angra en todas sus presentaciones pasadas y, apuesto, futuras. El público salió feliz porque, aún a media agua, la banda da batalla gruesa o, a lo mejor como a mí, les agrada ver que los tipos también se equivocan y que la adversidad también los pone en jaque. Tal vez se trate de nuestra mezquindad natural o el hecho de querer verlos más cercanos a nuestras humanas limitaciones.

Gabriel Ramovecchi

 

EL SONIDO DE LA DECEPCIÓN

Dados los evidentes problemas de sonido y las quejas del público que concurrió al recital de Angra en Cemento el sábado 24 de octubre, le pedimos a Marcelo Cabuli, responsable de Nems Enterprises, la productora del evento, que se expidiera sobre el asunto:

- Quienes asistieron al show seguramente advirtieron que la calidad del sonido no fue de las mejores. El motivo, sin ánimo de lavarnos las manos ni descargar las culpas sobre otra persona de manera arbitraria, fue el mal desempeño del operador de monitores traído por la banda desde Brasil. Aclaremos que los monitores, situados sobre el escenario, sirven para que los músicos se escuchen a sí mismos y chequeen su sonido en vivo. Si los músicos no logran escucharse bien a sí mismos (como pasó en Cemento donde los monitores emitían un constante acople), es prácticamente imposible que el público pueda apreciar con fidelidad el sonido de la banda. Los equipos de sonido utilizados fueron los mismos que en los tres conciertos de Yngwie Malmsteen, donde la calidad sonora fue óptima, así como en los shows de Blind Guardian y Moonspell. Por otra parte, sabemos que Cemento no es el lugar ideal para llevar a cabo esta clase de conciertos. El problema reside en que no existe un lugar alternativo de la misma capacidad; todos los otros predios son o muy chicos o demasiado grandes (Parque Sarmiento, Microestadio de Ferro, Estadio Obras; todos para 6.000 personas). No obstante, seguimos en la búsqueda de otro recinto con mejores características para la realización de conciertos. Esperamos que sepan entender estas cuestiones y aceptar nuestras disculpas, nadie más que nosotros desea poder brindarle a la gente que paga su entrada lo que merece.




 ANGRA y soportes (Gran Rivadavia, 24/11/2001)

FESTIVAL METALICO DEL MERCOSUR

La velada se inició con el ingreso de dos monjes que se colocaron a los lados de columnas de utilería y una voz en off nos introdujo en un mundo de fantasía elaborado por Eternity, la banda en cuestión. Luego entraron todos los integrantes y comenzó a sonar un power metal a lo Rhapsody, cargado de buen gusto. Resultaron aspectos interesantes de esta banda los pasajes melódicos creados por los dos tecladistas, el vocalista con un dejo de Fabio Lione y la presencia de dos coristas que impregnaron la atmósfera con voces casi operísticas. A continuación entró en escena Anublar-Cetro, un grupo muy singular en comparación con lo que se vería esa noche. Se trataba de un trío instrumental que ejecutaba un power progresivo que me hizo recordar a Dream Theater, aunque quien parecía liderar a todo el conjunto era el tecladista que, durante la media hora que duró el set, nos ofreció jugosas y divertidas intervenciones. Nottingham entró en escena. Ya los había visto dos veces antes y en ninguna de ellas me había llamado la atención. Su power metal repetitivo y carente de sorpresas, tampoco logró engancharme ahora. A la banda que entraría luego, Jezabel, tenía ganas de volverla a escuchar en vivo puesto que su disco debut abrió un universo de expectativas y quería confirmar mi certeza sobre su evolución. Y realmente brindaron un show muy atractivo donde mezclaron temas propios con covers muy bien ejecutados de Helloween ("I Want Out"), y para hacer tiempo a raíz de la demora del plato principal, de Rata Blanca ("Sólo Para Amarte") y Judas Priest ("Nightcrawler"), que levantaron al público presente y lo dejaron con alta temperatura. Sin embargo quien más llamó mi atención fue el vocalista, Leandro Coronel, con sus melódicos y penetrantes agudos. Angra tenía por delante una verdadera prueba de fuego, pues se trataba de uno de los públicos responsables de su consagración como banda en la etapa previa. Ante una concurrencia pobre (sólo la mitad del teatro estaba ocupada) pero entusiasta, y utilizando como telón de fondo la imagen del ángel encapuchado del disco, las luces se apagaron y comenzó a sonar "In Excelsis", la introducción de "Rebirth", algo excesiva en cuanto a duración y pompa. El arranque con "Nova Era" puso de relieve el nivel de la performance individual de los seis músicos -trajeron un tecladista invitado llamado Fabio Laguna-, que fue siempre correcta. Y, como ya conocemos de sobra los quilates alcanzados por la pareja de violeros gracias a sus anteriores visitas, me detendré a hablar de los nuevos integrantes. Por un lado, la sección rítmica de Felipe Andreoli -que por momentos deslumbró desde el bajo- y Aquiles Priester demostró que el mediano desempeño de la última placa puede superarse fácilmente, ya que a la hora de desarrollar las viejas canciones, sobre todo las de "Holy Land", el sentimiento brasileño salió a flote y casi me olvidé de que Luis Mariutti y Ricardo Confessori ya no están más. Aunque, quien tenía el papel más difícil era Eduardo Falaschi, el reemplazante de André Matos. El rubio cantante demostró tener un rango menos agudo que su predecesor pero, a la vez, más afinado. Digo esto último debido a que cuando vi en vivo a la formación original, André no gozó de una buena velada. Con respecto a la audiencia, puede decirse que Eduardo salió victorioso y fue ovacionado por un público de pie. Con respecto a los temas ejecutados, hicieron un brevísimo repaso por su anterior discografía, interpretando clásicos como "Nothing To Say", "Make Believe", "Metal Icarus", "Angels Cry" y "Carry On"; aunque mayormente ejecutaron temas nuevos, más de la mitad de "Rebirth", incluyendo el extenso "Unholy Wars", y finalizaron con el clásico tema de Iron Maiden, "The Number Of the Beast". La función terminó dejando a la gente satisfecha y, acto seguido, César Fuentes Rodríguez ofició de improvisado maestro de ceremonias para cerrar la primera mitad de la noche y darle la bienvenida a los grupos siguientes, ya que había sido decisión de los propios brasileros tomar ese horario y ubicación en la lista. Con respecto al show brindado por Beto Vazquez Infinity, estoy de acuerdo con el enojo expresado por la mente detrás de la banda. Tuvieron muchos factores en contra. El sonido fue uno de los más flojos de la noche, aunque al final del show mejoró sobremanera. Incluso varios acoples llegaron a lastimar mis oídos y la viola apenas se escuchó. Pero, a pesar de todo, la calidad intrínseca de las composiciones logró crear un clima de magia y belleza. La noche fue coronada por Lörihen que, como de costumbre, deleitó a los presentes con un power metal contundente y a los palos, pero también sin rasgos que singularicen cada uno de los temas. Presentaron composiciones de su disco debut y de su nueva producción "Antes De Tiempo", y el público amagó varias veces con hacer pogo, pasadas las dos de la mañana. En fin, una jornada extremadamente larga, aunque plagada de bandas muy interesantes, que trajo una muestra gratis de lo que la actual reencarnación de Angra puede ofrecer a corto plazo. Martín Brunás    


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